El asesinato de dos niñas gemelas de cuatro años en Telangana, al sur de la India, volvió a abrir el debate sobre la violencia estructural que enfrentan las niñas en ese país. Según la Policía local, el principal sospechoso es su propio padre, un informático de 28 años, quien presuntamente las arrojó a un pozo e intentó simular un accidente. La investigación apunta a que el crimen estaría relacionado con la persistente preferencia por el hijo varón.
De acuerdo con las autoridades, el caso habría sido planificado junto al hermano del sospechoso y los abuelos paternos de las menores, quienes también fueron detenidos. La madre de las víctimas denunció que durante el embarazo fue presionada para abortar al saber que esperaba niñas. En muchas familias tradicionales de la India, los hijos varones son vistos como quienes perpetúan el linaje y heredan propiedades, mientras que las niñas suelen ser percibidas como una carga económica.
Aunque parece una realidad lejana, en Ecuador también existen formas de quitarle valor a una niña. Una de ellas es el matrimonio infantil, que sigue afectando a miles de adolescentes y limita su acceso a la educación, a la independencia económica y a la posibilidad de construir un proyecto de vida propio. Muchas veces estas uniones tempranas terminan en embarazos precoces y en la imposición de un único rol: ser madre.
Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, América Latina y el Caribe es la única región del mundo donde el matrimonio infantil no ha disminuido significativamente en los últimos 25 años. Además, una de cada cuatro niñas se casa o une antes de cumplir los 18 años. La violencia contra las niñas no siempre comienza con un crimen visible; muchas veces empieza cuando una sociedad decide que ellas valen menos.


