Ecuador se encuentra entre los 10 países con mayor informalidad laboral juvenil a nivel mundial. Según datos del Banco Mundial, 86 de cada 100 jóvenes entre 18 y 29 años trabajan en condiciones informales o en empleos precarios, sin acceso a beneficios como seguridad social o estabilidad laboral. En América Latina, únicamente Bolivia y Perú registran cifras superiores.
La situación impacta directamente en los ingresos. Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran que el ingreso promedio de los jóvenes ecuatorianos es de 397 dólares mensuales, por debajo del salario básico unificado. En el caso de quienes trabajan en la informalidad, el promedio cae hasta aproximadamente 220 dólares mensuales, menos de la mitad de lo que gana un trabajador formal.
Además, persiste una desconexión entre educación y empleo. Muchos jóvenes con estudios superiores terminan en subempleo o actividades informales debido a la falta de plazas laborales de alta productividad. Esto contrasta con países como Noruega, Lituania, Eslovenia y Malta, donde la informalidad juvenil fluctúa entre apenas 0,8% y 1,6%.
Estos países han aplicado medidas específicas para evitar que los jóvenes queden atrapados en la precariedad laboral. Entre ellas destacan programas de inserción rápida al empleo, sistemas de formación técnica dual donde los estudiantes trabajan mientras estudian, subsidios para incentivar la contratación juvenil y políticas para reducir la deserción escolar. Expertos y organismos internacionales señalan que estas estrategias permiten facilitar la transición entre educación y empleo formal, reduciendo el riesgo de informalidad prolongada en la juventud.


