El sarampión, una enfermedad que muchos consideran del pasado, sigue siendo una amenaza real para la salud pública, especialmente ante el reciente aumento de casos en países como Estados Unidos, Canadá y México. Este contexto, sumado a temporadas de alta movilidad como Semana Santa y eventos masivos, incrementa el riesgo de contagio.
Se trata de una enfermedad altamente contagiosa que puede afectar a personas de todas las edades y generar complicaciones graves, incluso mortales en quienes no cuentan con protección. Uno de los mayores riesgos es que el virus puede transmitirse desde cuatro días antes de la aparición del brote en la piel y hasta cuatro días después de que desaparece.
La vacunación es la única medida efectiva para prevenir el sarampión. El esquema completo consta de dos dosis: la primera a los 12 meses de edad y la segunda a los 18 meses. Sin embargo, quienes no han sido vacunados en su momento aún pueden hacerlo, especialmente personas entre 7 y 26 años, así como mayores de 27 que no completaron su esquema.
Las autoridades también recomiendan prestar especial atención a los menores de 16 años, viajeros y personal de salud, quienes deben asegurarse de contar con su esquema completo. Ante síntomas como fiebre, tos, congestión nasal, enrojecimiento de ojos y erupciones en la piel, es fundamental acudir a un centro de salud y evitar el contacto con otras personas para reducir la propagación.


