En Ecuador, especialmente en Quito, la venta de animales de raza a través de redes sociales se ha convertido en una práctica común. Muchos criadores informales ofrecen perros y gatos desde valores que van desde los 150 dólares hasta superar los mil, sin controles y sin garantizar el bienestar de los animales. Mientras esto ocurre, la ciudad enfrenta una realidad preocupante: cada vez más animales viven en condiciones de calle. Hace solo cinco años había 107 perros por kilómetro cuadrado en zonas urbanas; en 2023 esa cifra subió a 507 y para 2025 alcanzó los 542 perros por km². Aunque el ritmo de crecimiento ha disminuido, la magnitud del problema evidencia la falta de control en la reproducción y la tenencia responsable.
Frente a esta situación, la Ordenanza Metropolitana 072-2024 establece normas claras para regular la comercialización de animales de compañía. De acuerdo con esta normativa, la venta está prohibida en tiendas comerciales, en la vía pública, en mercados y también por medios digitales como redes sociales o páginas web, a menos que se trate de criaderos legalmente establecidos e inscritos en el REMETFU. Incumplir esta disposición se considera una infracción muy grave, sancionada con 10 remuneraciones básicas unificadas, es decir, 4.700 dólares.
Además, la ordenanza exige que todo animal vendido cuente con microchip, carnet de vacunación, desparasitación y esterilización, salvo aquellos destinados exclusivamente a la reproducción. Inclusive en esos casos, los criaderos autorizados están limitados a una sola camada por hembra al año, para evitar ciclos reproductivos que comprometan la salud del animal y garanticen condiciones mínimas de bienestar.
Las perras sometidas a embarazos constantes pueden desarrollar anemia, osteoporosis por desgaste de calcio, pérdida de dientes, alteraciones renales o hepáticas, e incluso morir durante el parto. A esto se suman los riesgos para los cachorros, quienes pueden nacer con defensas bajas, parásitos, malformaciones o sarna demodécica, e incluso fallecer al poco tiempo de nacer. La venta irresponsable en redes sociales no solo es ilegal, sino que perpetúa un ciclo de explotación y deterioro físico, mientras incrementa el número de animales abandonados en las calles.


